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Madrid (España), 17/10/00. Especial de AGP para OPI
Han remitido una bomba a Raúl del Pozo. Objetivo terrorista: cobrarse la vida de un periodista por el solo hecho de serlo.
No conocemos a ciencia cierta la autoría, pero sí sabemos que es con idéntica intención a la de todos los terroristas: matar al mensajero y cercenar la libertad de expresión por la vía del miedo.
Solidarizarnos con Raúl del Pozo es solidarizarnos con nosotros mismos, con todos los periodistas que vivimos gravemente amenazados. No nos cansaremos de repetirlo, aunque es evidente que ni lo escuchan ni lo entienden.
Esta estrategia de amedrentamiento contra el libre ejercicio profesional de los informadores resulta vana e inútil: mientras viva, ningún periodista digno dejará de cumplir con su obligación de ofrecer a la sociedad las informaciones u opiniones que ésta le demanda.
Conscientes de que estamos en el punto de mira, reivindicamos el respeto a la libertad de información y expresión y a la vida de los periodistas. Esta vez la locura criminal que AGP-UGT y la Federación de Servicios de UGT (donde se encuentran encuadrados los medios de comunicación) llevan largo tiempo condenando, gracias a la diligencia de un empleado de Correos no ha logrado más que transmitir una dosis adicional de miedo, pero no cesan las múltiples amenazas y coacciones ejercidas contra los periodistas y no podemos dejar pasar una sola sin condenarla y pedir firmemente que cese la violencia.
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