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Madrid (España), 11/01/09. OPI
En un comunicado fechado en Londres, Amnistía Internacional (AI) advirtió de los graves riesgos que corren periodistas y personal de ayuda humanitaria en Somalia, un país “asolado por la guerra”.
Como resalta en su nota, el colectivo de periodistas somalíes “consciente de su importante papel como testigo de la terrible situación de la población”, se manifestó el pasado 28 de diciembre en Mogadiscio “para pedir que las partes combatientes respeten los derechos del personal de los medios de comunicación”.
Tras la reciente liberación del periodista británico Colin Freeman, de 39 años, y el fotógrafo español José Cendón, de 34, quienes después de 40 días de secuestro fueron entregados por sus captores a dirigentes comunitarios locales, la organización defensora de los derechos humanos resaltó que el periodista somalí Hassan Mayow Hassan falleció el pasado 1 de enero por disparos de hombres armados, cuando realizaba un reportaje para Radio Shabelle sobre los combates que se libraban en el distrito de Afgoye, situado en la región de Baja Shabelle.
Según denuncia Amnistía Internacional, “se trata de al menos el décimo periodista somalí que ha sido víctima de homicidio desde febrero de 2007. Algunos periodistas han sido asesinados deliberadamente. Otros han perdido la vida al verse atrapados en combates entre las fuerzas del Gobierno Federal de Transición, respaldadas por sus aliados etíopes, y milicias armadas de oposición”.
Para AI, “el colectivo de periodistas somalíes no sólo arriesga su vida para publicar información muy necesaria sobre una situación sumamente inestable”. Así, durante los dos últimos años, también se ha enfrentado a “amenazas de muerte de las fuerzas de seguridad del Gobierno Federal de Transición y de los grupos armados, arrestos y reclusiones arbitrarias, palizas, secuestros, el cierre de emisoras de radio y otros medios de comunicación, así como otras restricciones impuestas a sus actividades y reportajes”.
En un informe publicado en 2008, Amnistía Internacional describe estos ataques como “actos deliberados de todas las partes del conflicto somalí con el fin de silenciar al colectivo de periodistas. La labor del personal de los medios de comunicación es esencial, ya que es el único que informa sobre la violencia que afecta diariamente a la población en un conflicto que se ha vuelto demasiado peligroso para ser objeto de un programa de observación internacional sobre el terreno de carácter sistemático”.
El colectivo de periodistas somalíes “sigue siendo testigo de una guerra encarnizada que, desde comienzos de 2007, se ha cobrado la vida de más de 16.000 civiles, ha causado el desplazamiento interno de al menos 870.000 y ha provocado una crisis humanitaria en la que hoy en día 3,25 millones de somalíes dependen para su supervivencia de organismos de ayuda humanitaria”, señala AI, que observa con preocupación que “la situación de los derechos humanos en Somalia, que ya se había visto empeorada por el conflicto y la ausencia de un gobierno efectivo desde 1991, se ha deteriorado gravemente durante los dos últimos años”.
Así, a finales de 2006 las tropas etíopes entraron en el país para prestar apoyo al Gobierno Federal de Transición de Somalia, nombrado en 2004, y expulsar a la Unión de Tribunales Islámicos de la capital, Mogadiscio, cuyo control efectivo ejercían desde junio de 2006. En respuesta, restos de las milicias de la Unión de Tribunales Islámicos y otros grupos armados lanzaron una oleada de insurgencia contra el gobierno de transición somalí y sus aliados etíopes, con el resultado, según AI, de que “todas las partes en conflicto han sido responsables de ataques indiscriminados o selectivos contra civiles”.
La organización defensora de los derechos humanos mostró también su preocupación al constatar que “los homicidios y las amenazas ya no van dirigidos solamente contra periodistas, sino que abarcan de forma creciente a personal de derechos humanos y ayuda humanitaria”. Así lo demuestran los 46 casos investigados durante 2008, en los que personal de ayuda humanitaria e integrantes de organizaciones de la sociedad civil somalí han muerto víctimas, en su gran mayoría, “de homicidios selectivos”. Estos ataques “han contribuido a silenciar los informes sobre abusos contra los derechos humanos y a restringir gravemente la entrega de ayuda humanitaria a una población desesperada”.
Al adentrarse Somalia en un periodo de transición política caracterizado por una creciente incertidumbre, con la retirada de las tropas etíopes y la dimisión del presidente del gobierno de transición, Amnistía Internacional “ha instado a todas las partes del conflicto a que pongan fin a los ataques y amenazas contra periodistas, activistas de la sociedad civil, personal de ayuda humanitaria y otros civiles”.
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