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Madrid (España), 22/11/07. OPI
Un enorme escándalo estalló hoy Italia tras conocerse que Silvio Berlusconi infiltró a peones de su confianza en la emisora pública RAI cuando desempeñó la jefatura del Gobierno, entre 2001 y 2006, con lo que tuvo la televisión bajo su férula al ser el grupo audiovisual Mediaset propiedad de su familia.
“Es la foto de Italia en la época en que Berlusconi controlaba mediante su familia o su mayoría política toda la televisión”, comentó el ministro de Comunicaciones, Paolo Gentiloni.
Según unas escuchas telefónicas llevadas a cabo en los años 2004 y 2005, publicadas el miércoles por el diario La Repubblica, directivos de la RAI cercanos a Berlusconi hablaban con sus pares de Mediaset antes de tomar decisiones editoriales, como la cobertura informativa de las actividades del entonces jefe del Gobierno.
Entre los directivos que aparecen involucrados destaca Deborah Bergamini, ex secretaria personal de Berlusconi, responsable de programación de la RAI en aquella época y actual dirigente del departamento de marketing de la cadena estatal. Otro de los nombres citados es el del ex director general de la RAI entre 2003 y 2005, Flavio Cattaneo.
Según el diario de izquierdas, Bergamini se enteró de que el entonces presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, iba a hacer una declaración televisiva por la muerte del papa Juan Pablo II, en abril de 2005, por lo que previno a su homólogo de Mediaset para que Berlusconi hiciese otro tanto.
Asimismo, en las elecciones regionales de abril de 2005, en las que la coalición de centroderecha perdió seis de las ocho regiones que controlaba, Cattaneo intentó atrasar lo más posible el anuncio de los resultados.
El ex director general desmintió formalmente esta acusación en una carta abierta, mientras el grupo Mediaset anunció que presentaría una querella contra La Repubblica.
“Nadie puede negar que la imagen de la RAI se ha visto gravemente dañada” por las informaciones publicadas, reconoció el ministro Gentiloni, al tiempo que la cadena estatal anunciaba la apertura de una investigación interna.
Por su parte, la autoridad reguladora de las comunicaciones, encargada de hacer respetar la competencia, anunció también la apertura de una investigación que podría desembocar en medidas para garantizar “el pluralismo y la libertad de información”.
Mientras tanto, Berlusconi denunció a “las hienas y a los chacales” que atacaron a Bergamini, y calificó de “inaceptable e ilegítima” la publicación de las escuchas por parte de La Repubblica.
El control ejercido por el poder político sobre la televisión pública italiana no es algo nuevo. Sin embargo, durante el mandato de Berlusconi alcanzó su máxima expresión, como lo ilustra un caso que la propia prensa italiana denomina “el edicto búlgaro”: durante una visita oficial a Bulgaria en abril de 2002, el entonces jefe de Gobierno acusó a tres periodistas de la RAI de hacer “un uso criminal” de la televisión pública por sus críticas, tras lo que fueron despedidos.
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